Soleada mañana de mayo llena de quehaceres pero aun con un poco de tiempo para saludar a los lectores que aun queden en este blog. Hoy un poco más de lo de siempre, motivado por la lectura de La civilización de espectáculo, de Vargas Llosa.
¿Cuándo volveremos a disfrutar de una cultura en la que se representen las pasiones y sin sentidos del ser humano, su verdad? Pronto dejaremos de lado las burdas invenciones que tomamos como ejemplo e imitamos; vanas imágenes cuyo único cometido es la ostentación de una vida conformada por la apariencia creada desde las simpleza de las, ya no bajas que aun dignas, sino esas absurdas y estúpidas pasiones humanas que hoy eclipsan a las altas pasiones que nos definen. Caemos en la trampa de las comunicaciones, de la publicidad dicho más claro, y participamos en el mensaje como meros actores vacíos de toda originalidad. Cultura y espectáculo se han fusionado y la última ha eliminado el espacio de Arte de la primera. En fin, leyendo a Vargas Llosa, recordando a Ortega y Gasset y escuchando piezas de Verdi, uno siente motivación y cierta originalidad de pensamiento y acción en aras de un mundo mejor. En la aspiración al conocimiento a raíz de la curiosidad ponemos en marcha un querer actuar que termina en acciones dignas; la apertura del alma a un dejarse llevar en entrega a esa construcción en la acción hace del hombre un ser digno que no tiende a problematizar en y con la filosofía sino, como dice Luigi Giussani, al estupor religioso, experiencia que adquiere fuerza mediante el impacto con la realidad.
Pensamientos atropellados, algo forzados y sin madurar, es lo que tienen las prisas. ¡Y todos a construir presente desde su carisma!
He terminado al fin un libro algo duro de leer, no por los contenidos sino por su estilo en la redacción: Los mitos de la guerra civil, de Pío Moa. Era de obligada lectura para contrastar con la opinión que predomina en los medios de comunicación. Por lo demás aun me da pena que se vendan tantas ediciones de esta materia, o dicho de otro modo, que se editen y publiciten tanto estos libros. Mi relación con las editoriales es de amor-odio, pues hay que reconocer su mérito pero también criticar duramente sus intereses; por cierto, estoy deseando recibir La civilización del espectáculo, de Vargas Llosa.
Voy a copiar uno de los últimos párrafos, pues es de justicia reconocer las cosas bien hechas. Y no estoy defendiendo ni criticando ningún régimen, sólo reconozco y comparto este pensamiento local y no global:
«No me parece exagerado decir (…) que la victoria de Franco en la guerra civil salvó a España de una traumática experiencia revolucionaria, y que su régimen la libró de la guerra mundial, modernizó la sociedad y asentó las condiciones para una democracia estable. Con todos sus elementos negativos, y a pesar de la imagen nefasta cultivada por sus enemigos en estos últimos años, su balance final me parece muy positivo (…).» Moa, P., Los mitos de la guerra civil, Ed. Esfera, 2003, p. 531. 8ª edición (aun sin corregir).
La última vez que hablé de Franco casi me echan de la comida (no diré con quien) por decir únicamente que puso a un país a trabajar, cuando con quien compartía comida no hacía más que ponen a parir el régimen; era de justicia poder expresar mi criterio. Parece que hay quienes tienen licencia para criticar y ofender a la par que le sobra soberbia para, ya no compartir, pero al menos escuchar otro criterio; casi tiene gracia desprestigiar un supuesto fascismo desde una actitud fascista. Creo que no es desacertada la posición de Pío Moa cuando en la segunda república mandaba hasta el sereno. Y tampoco que en los años 70 España tenía ya al fin una notable clase media.
Voy a dejar unos versos de Sófocles para apaciguar a los posibles lectores que se exalten…
«Para un hombre, al menos si es prudente, no es nada vergonzoso ni aprender mucho ni no mostrarse en exceso intransigente; mira, [habla Hemón a Creonte, estamos en Antígona] en invierno, a la orilla de los torrentes acrecentados por la lluvia invernal, cuántos árboles ceden, para salvar su ramaje; en cambio, el que se opone sin ceder, éste acaba desguajado. (…) por tanto no me extremes tu rigor y admite el cambio.»
Copio a continuación unos breves extractos de La lupa de Kierkegaard, de Rafael Larrañeta, que fue profesor del Departamento de Filosofía del Derecho, Moral y Política II en la UCM, fallecido en 2002. Asistí a sus clases de la asignatura Grandes textos de ética y filosofía política ese mismo año, aprendiendo a leer a Francisco de Vitoria, si bien este libro que cito hoy acerca del filósofo danés es una delicia y fuente de sabiduría e inspiración para la vida, cosa rara en la tradición filosófica tanto occidental como oriental. Rafael Larrañeta, y aun su memoria, son oasis en la facultad de filosofía de la UCM junto con un pequeño grupo de profesores; de él he aprendido que la filosofía no es todo rebeldía, menos aun con un megáfono como filosofan algunos, pero sí sobre todo caminar de forma constante con las convicciones y criterios propios.
«La multitud es la mentira. En sentido mundano y temporal, el hombre sociable pensará que no es razonable afirmar que sólo uno alcanza la meta, como decía San Pablo, porque muchos podrían alcanzar juntos el final y entre muchos el éxito sería más seguro y más fácil para cada hombre. (…) ser hombre [critica Søren] es pertenecer a una raza fundada en la razón y someter la verdad a votación, confirmando con ello que la raza y la especie son superiores al individuo (…).»
«La falsedad reside en la idea de que la multitud obra como un individuo. Y no es así. La ´multitud´ es una abstracción, carece de manos y de valor para actuar. El individuo que se ampara en la muchedumbre huye cobardemente de ser individuo.»
«Søren propone otra senda: la verdad consiste en honrar a todo hombre, absolutamente a todo hombre, y amarle como prójimo. El prójimo es la verdadera expresión de la igualdad humana (…).»
Ludwig Van Beethoven, Marcia alla turca, Op. 113 n.º 4, 1811.
Algunas notas, atropelladas como siempre en este blog, después de un día montado en algún vagón de una pequeña montaña rusa. Vamos con ello:
La rigidez en la acción contemporánea, fruto del pensamiento perezoso en el que mañana nos harían falta cuatro vidas para hacer todo lo que postergamos, facilita un modo de hacer que en nada beneficia al hombre (Άνθρωπος): la imitación. Así, nuestro genuino ser basado en la originalidad y creación de pensamiento y acción queda mermado frente a la ley del mínimo esfuerzo que impera hoy. El hombre-masa de Ortega, quién bajo el yugo del qué dirán pliega su ser a la copia de pensamiento y acción del igual invalidando toda posibilidad de originalidad. El hombre ha ido evolucionando a lo largo de civilizaciones, siempre teniendo como ímpetu la supervivencia de la estructura familiar, para perpetuar el amor, pensamiento y legado a las siguientes generaciones, en un mundo que identifico con el que describió Thomas Hobbes en su Leviatán. El hombre se ve obligado a ingeniárselas para subsistir; nada nos es dado y hemos de buscar lo más conveniente para nuestro entorno. La naturaleza nos obliga a idear nuevas formas de llevar a cabo dicha pretensión; a pesar de que el ser humano siempre tropieza dos y más veces en la misma piedra, estamos obligados a perseguir la originalidad y creatividad suficientes para evitarlo.
Cobra sentido ahora sí pertenecer a las minorías selectas, lejos de todo clasismo. Sin usar la guillotina hemos de mirar a la Ilustración. Hoy tenemos una sociedad basada en el bienestar que, no me canso de decirlo, vive cegada por lo mundano en su más bajo rasero. En el caso de España es muy grave una situación donde a las últimas generaciones se nos ha entregado absolutamente toda clase de bienes materiales a la par que se nos ha despojado del más mínimo ápice de espiritualidad. El hecho de no haber tenido que enfrentarse al drama de la vida por tratar de ayudar al núcleo familiar ha dado un nefasto resultado: el fin de la creatividad de pensamiento. Ahora vagamos en un día a día, si se me permite, el día de la marmota, donde llenamos el tiempo con entretenimiento basado en el consumo de tiempo ajeno (TV), el uso de bienes materiales cuyo fin es la burda ostentación y el trato con las personas como si en un eterno ascensor nos halláramos. Al perder los pilares que arman y dan sentido a la vida nos hemos quedado vagando en lo terrenal sin un ideal de vida y por tanto un quehacer que lo persiga y valore. Es complicado generar pensamiento y acción originales cuando carece de sentido llevarlo a cabo, cuando no hay un por qué que lo motive, cuando, en fin, todo está ya de antemano puesto como si el burro mirase la zanahoria.
Lo bonito de la vida es precisamente aquello que hoy rehuimos e incluso desprestigiamos. Cuantas veces hemos escuchado esa dichosa coletilla de déjalo, no te molestes, al exponer una inquietud. ¡Hazlo! ¡Ponte en marcha, construye! Nadar a contracorriente es muy difícil, pero el fruto que se recoge tras una larga cosecha aporta una alegría y satisfacción personal que, sobre todo, contagiamos. La desidia y el tedio se dejan atrás desde una actitud crítica, que se adquiere en la observación, el estudio y el razonamiento de lo que nos rodea; requiere por tanto de un esfuerzo personal de pararse a meditar. El pensamiento fuerte y original deben imponerse en lo cotidiano. Discernir qué necesita dicho pensamiento y actitud lo encontramos, sí, en las raíces de la cultura occidental. El hombre encuentra en ese conocimiento y vida el ideal que da sentido a la acción y el pensamiento que genera, haciendo que la innovación y el avance se produzca no sólo en lo material sino también en lo espiritual. Hay que superar la actitud zafia y burda que nos rodea.
Si hay algún lector que haya llegado hasta aquí en su lectura, gracias, es toda una proeza por su parte y, si me permiten la broma, ejemplo de lo que expongo. Beethoven compuso esta vivísima obra hace poco más de 200 años y la traía hoy a colación con la pretensión de hacer un paralelismo entre cómo un artista, semilla de creatividad, admira otra cultura y la regala su alegría, frente a las protestas que se producen en España en los últimos días a las que autoproclaman algo así como la primavera valenciana. En fin, triste, muy triste: me pregunto qué pasaría si todas esas energías se encauzaran a construir desde otra clase de valores… qué pasaría… hay que comprobarlo actuando; ¿cómo? creo que desde las instituciones, en una labor larga y sin pausa, donde ya en la educación y con una acción global de comunicación podemos empezar a inculcar otra forma de vida que, además, deja a la economía su laissez faire; no se trata de una revolución política ni del sistema, hablo de una revolución desde, en su raíz, el amor.
Prólogo: pido disculpas de antemano por publicar una entrada en la que expreso de forma explícita y quizá atropellada mis pensamientos, pero tras meditar un rato creo que los lectores de este blog sois todos familia y amigos, por lo que ya conocéis mi pensamiento con respecto a estos escabrosos temas. Abuso, pues, de confianza. Consciente de que puedo molestar a algún amigo periodista, solo cabe decir que al igual que ellos expresan sus criterios de forma grotesca y soez, así me tomo la licencia de transmitir aquí mi ideario referente a este tema y, sobre todo, que yo no trato de hacer periodismo, que parece que todo el que escribe acerca de algún tema de actualidad o lo comenta les quiere invadir su terreno; no lo quiero, de verdad, lo mío va más de la mano de algún trauma infantil.
Los últimos periódicos que leí fueron en Navidad. A partir del día 1 de enero dejé de leer prensa. No echo de menos ese rato de lectura por un solo motivo: no me gusta leer bazofia. Lo único digno de lectura son algunos artículos de opinión (estupendo Gabriel Albiac, al que tuve la fortuna de tener como profesor en una asignatura del ideario político de la Francia del XVIII) y las estupendas Terceras de ABC. El resto parece escrito por usureros traficando con ideas y palabras vacuas, desacertadas y oportunistas. Siempre he sentido cierto rechazo, no al oficio de periodista, sino a los carroñeros de la noticia, esa pandilla que inunda las redacciones actuales sin ningún criterio objetivo propio; y si lo tienen carecen del suficiente valor que requiere el oficio para defenderlos y por lo tanto han de dedicarse a otros menesteres. Amén de la izquierda recalcitrante, que parece que por sobrarles valor más bien les falta autocontrol; esa izquierda que inunda el panorama de medios alternativos llenos de denuncia sin más fundamento que un ideario obsoleto y prejuicios manidos por estetas de la pesudocrítica; da la sensación de que van a encontrarse con Marx por la calle, o peor, ¡con Lenin! Si van a Cuba quizá lo hagan con los Castro, grandísimos come-mierda que dirían allí. Alguno de estos periodistas burócratas incluso encuentra su lugar en política y hay quien le vota, pero de eso ya hablan ellos, que les gusta darse bombo. El hecho de no leer prensa no implica que de la espalda a la actualidad, aunque para enterarme de las noticias que se publican en dichos medios es suficiente con tomarme un café en hora punta en alguna cafetería: el nivel de las conversaciones tampoco levanta un palmo del suelo, y es que si las fuentes son malas peores serán las resonancias; la culpa no es de quien toma café, claro. Creo que una buena noticia lo que genera es motivación para el pensamiento y la crítica, y por tanto buenas resonancias; el café sería menos amargo, claro. En casa he tenido la suerte de vivir con una familia que me ha inculcado un espíritu crítico y rebelde, pero sobre todo capaz de ser creador de contenidos a raíz de la observación y no un mero consumidor de los medios generalistas. En la universidad, con los estudios de filosofía, aprendí que para entender a un autor hay que remitirse a las fuentes, a sus textos originales, y no perderse en la bibliografía secundaria que intentar esclarecer un ideario cuando lo único que hace es mover la maquinaria editorial. En fin, queridos lectores, que a uno le da por escribir y publicar, que fea costumbre, entonces, decimos.
P.S.: no me tomen en serio que esto es un juego. Además tengo de fondo a Wagner y, como dice Woody Allen, a uno le entran ganas de invadir Polonia.
Cielo azul, el de Madrid; no el cielo, el azul digo. Tenía hoy ese color, si se me permite, más pastel, como con los que pintó Sorolla. Y no se por qué, tras día de infinitas y buenas tareas, he acabado frente a los libros de mi hermana Gemma y fijando mi atención en el autor ucraniano Adam Zagajewski (Lvov, 1945 - sigue vivo). Deseo, publicado por primera vez en 1997, nos regala poemas así:
La majestuosidad del sueño
El sueño, cual veranda de una casa rural, te descubre el bosque, las sombras y el interior de los recuerdos. El sueño es un espíritu libre de obligaciones, la orgullosa capital de la poesía y el teatro. El sueño es un pensamiento aún sin encarnar que la envidiosa realidad apenas alimenta. El sueño es la Asiria severa y valiente. El sueño es la Toscana vista al alba, cuando los finos árboles beben tinta de la negra tierra; y es la ciudad que respira en largos cigarrillos de tristeza. El sueño visita hospitales y cárceles, consuela a los afligidos como una monja de corazón puro. El sueño se apaga, cansado; muere plácido, sin rencor y sin heredero, como Norwid.
* * *
Nadar
Los ríos de este país son dulces como una canción trovadoresca, el pesado sol se dirige hacia occidente en amarillas carretas circenses. En las pequeñas iglesias rurales aparece el tejido del silencio, tan fino y antiguo que una sola respiración podría romperlo. Me gusta nadar en el mar que siempre está hablando solo con la voz monótona de un viajero que ya ni siquiera recuerda cuánto tiempo lleva de viaje, Nadar es como una oración: las manos se unen y se separan, se unen y se separan, casi sin fin.
La adoración de los pastores, Murillo, 1668. Óleo sobre lienzo, 282 x 188 cm. Museo de Bellas Artes de Sevilla
Lc, II, 1 y ss. Por aquel entonces salió un decreto de César Augusto mandando hacer un censo del mundo entero. Este censo fue el primero que se hizo siendo Quirino gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse en el censo con María, la desposada con él, que estaba encinta. Mientras estaban ellos allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. En aquella misma comarca había unos pastores que pasaban la noche al raso velando el rebaño por turno. Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió de claridad y se asustaron mucho. El ángel les dijo: - No temáis, mirad que os traigo una buena noticia, una gran alegría que lo será para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, que es el Mesías Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. De pronto se sumó al ángel una muchedumbre del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: - ¡Gloria a Dios en lo alto, y paz en la tierra a los hombres de su agrado!Cuando los dejaron los ángeles para irse al cielo, los pastores empezaron a decirse unos a otros: - Ea, vamos derechos a Belén a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor. Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño recostado en el pesebre. Al verlo, les comunicaron las palabras que les habían dicho acerca de aquel niño. Todos los que lo oyeron quedaron sorprendidos de lo que decían los pastores. María, por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído; tal y como les habían dicho.
Es peor cometer injusticia que padecerla (Platón, Las Leyes, Libro X) En España, nuestro país de charanga y pandereta, desgraciadamente parece estar de moda no alinearse con esta afirmación. Quizá por eso el sistema educativo elimine, no solo la poesía, sino también la filosofía de sus planes de estudio para la educación mínima obligatoria. En un país en el que todo vale y nada es criticable bajo acusación de ser un fascista, está ganado espacio la posición de los débiles, al ser preferible no tomar ciertos valores como pilares con los que enfrentarse a la vida; parece que enseñar Platón en los colegios equivaldría a firmar el fin del Estado Español y la fiesta perpetua que se vive en los ministerios desde finales de los años 70. A mi parecer, ahora no tenemos ni democracia, ni dictadura, ni tecnocracia… por no tener, nos cargamos la tradición sin ni siquiera tener metas, lo cual nos deja en el limbo terrenal de la ignorancia, el miedo y su consecuente inoperancia; da la sensación de vivir en una plutocracia que termina por manchar todo esfuerzo ciudadano por formar o sacar adelante una familia, un negocio, un ideal de vida a largo plazo. He de mencionar también a los iluminados que se creen garantes de instaurar una aristocracia; en los tiempos que corren es un término que, independientemente de su clara etimología, acabará por perder todo sentido conceptual para el hombre (Άνθρωπος). La más kafkiana burocracia inunda todo acto de pretendida justicia y quita las ganas de, llanamente ahora, complicarse la vida; en EE.UU. ya vemos una sociedad, escarmentada por el sistema, cuyos valores se han blindado a los actos que desde antiguo el alma ha considerado justos, Justos diría el filósofo con quien abrimos el post. Y venimos viendo como lo que pasa en el norte al otro lado del Atlántico lo tenemos en España en unos años. Es por ello por lo que pronto en España, si no lo impedimos con un mensaje duradero desde las instituciones, ya no será peor padecer injusticia, pues al cometerla, casi se puede decir al cometer la injusticia con todas las de la ley, uno sale impune y con beneficio, blindado por el respaldo de poderosas empresas o simplemente por la estadística estatal de las políticas sociales y de inmigración. Con todo lo que ello implica.
Debemos olvidarnos de la crisis económica, pues es la única vía para superarla sin pretender instaurar de nuevo el liberalismo de Wall Street; debemos centrarnos en construir ciudadanía culta educada en la niñez con materias de Filosofía, Literatura e Historia, independientemente de nacionalismos pues hay cabida para un amplio temario, sin dejar que la Química, la Física, la Economía o, sobre todo, la Educación para la Ciudadanía invadan todas las horas lectivas. Ésta última asignatura es reemplazable, desde un profesorado competente y no radicalmente funcionario, con la lectura de los clásicos de la literatura. La Justicia nace en un alma libre que solo será tal en la educación excelente en valores que defiendan la independencia de pensamiento y criterio.
Son ya más de cuarenta días llenos de quehaceres que no me han dado tregua para sentarme y compartir los pensamientos que me abordan, irrespetuosos ellos que lo hacen sin previo aviso. De repente, como sucede todo lo importante en nuestra vida, nos vienen a la mente: a unos en forma de imágenes, a otros formas de hacer; a los menos, sabiduría en forma de lenguaje difícil de plasmar y transmitir. Pensamientos o conexiones sinápticas, encerrados ellos en los límites del lenguaje; y Ludwig Wittgenstein nos dice que de lo que no se puede hablar lo mejor es callar. En fin, respetados lectores, en esta ocasión me aborda una cita, que tengo a buen recaudo para no olvidar, de la malagueña Victoria Kent (1898 - Nueva York, 1987): nada se pierde en la obra que se realiza con nobleza de miras y fundada en la realidad cotidiana. En un lenguaje llano y muy propio de la expresión de alguien que lleva en su biografía la superación y el compromiso para con su persona y el marchamo de un país, expresa Victoria Kent algo profundamente inherente a la condición humana y que parece que los más olvidan entre el bullicio que nos llena de ruido el día a día en este no-tiempo actual.
Tengo que traer a colación otra cita que me sirve para poder reforzar estos breves pensamientos que hoy quiero compartir. El padre Agustín Pérez del Pulgar (1875 - 1939; las grandes personas siempre nos abandonan con cierta urgencia), fundador del I.C.A.I., que dio clase a mi abuelo Rafael en Lieja (Bélgica) entre 1925 y 1934, ante el bloqueo al que en ocasiones se enfrentaban sus alumnos al resolver un problema de alguna de las asignaturas de electricidad que impartía, les replicaba con un hazlo de la peor de las dos maneras, pero hazlo, haciendo esta máxima extensible al día a día. Pensamiento éste que da buena fe de la actitud vital con que deberíamos plantar cara a la vida, en donde por miedo al error nos bloqueamos y acabamos en una inoperante y por tanto vacua vitalidad; un dejar pasar los días de la realmente peor de las maneras posibles: la inactividad. La Tercera (ABC) de hoy la cierra Fidel Sendagorta (1956) citando a Ortega: el naufragio es el gran estimulante del hombre. Al sentir que se sumerge reaccionan sus más profundas energías, sus brazos se agitan para ascender a la superficie. El naufrago se convierte en nadador. La situación negativa se convierte en positiva (…). Nada se hace siempre bien y todo lleva de suyo algún error; a la perfección es bueno aspirar pero no es posible conseguirla. Convivir con la posibilidad de errar y errar es lo más genuinamente humano; pero reponerse y seguir construyendo un mundo mejor es únicamente potestad de unos pocos.
N.B.: Mis cultivados lectores habrán notado que parece no ser de lo más pertinente citar a Victoria Kent y al padre Agustín Pérez del Pulgar bajo un mismo auspicio, hoy el de la acción. Y es que quiero ir un paso más allá para apuntar que, aun en el año 2011 bajo un momento político que desgraciadamente en la savia no ha cambiado desde comienzos del siglo XX lo más mínimo, si bien sí en la forma, inmersos aun en el problema moral de las dos Españas y los nacionalismos, queda patente que los pensamientos que abogan por el bien común de la condición humana van de la mano y se completan entre ellos. Como ejemplo eminentemente práctico de las dos grandes y bellas personas que he traído a mención podemos señalar el tiempo que ambas dedicaron al tema de las prisiones. Victoria Kent, directoria general de Prisiones bajo el gobierno de Azaña, introdujo reformas que humanizaron el sistema penitenciario de la España de entonces, como la mejora de la alimentación y la libertad de culto. Poco más tarde, pero lejos ya del gobierno de Azaña, en 1938, ahora bajo la nomenclatura de jefe nacional de Prisiones, Máximo Cuervo llevó a cabo bien asesorado por el padre Pérez del Pulgar la innovación penitenciaria de la redención de penas, donde cada día de trabajo se le convalidaba al recluso por dos de pena. Y, para no faltar a la actualidad, ¿qué sucede hoy, ya lejos de 1938 pero aun en la misma savia de las dos Españas que he mencionado, que Federico Trillo, bajo la nomenclatura de coordinador de Justicia del Partido Popular, anuncia la intención de implantar una cadena perpetua, eso sí, revisable? ¿Perdemos la redención; la reinserción en terminología actual? ¿Nos hacemos, sí, más malos que los ya malos?
P.S.: Igual que V. Kent se exilió, también el P. Pérez del Pulgar asistió a la quema del I.C.A.I. a mediados de mayo de 1931 y tuvo que marchar a Lieja a desarrollar su actividad. Momentos turbios siempre delicados de los que no necesito tomar partido precisamente por lo que trato de mostrar: que las grandes acciones que se originan desde el bien son imperecederas, dejan impronta en la Historia y están por encima de ciertos principios de teoría política. Concluyendo esta n.b. y p.s. y salvando las distancias, Trillo ni se va ni asiste a ninguna quema ni exilio; bueno sí, a la que nos someten Sarkozy, Merkel y Lagarde, pero esa de momento es monetaria y es sólo humo, aunque muy negro.
Pero la excelencia humana crece como una vid, nutrida del fresco rocío y alzada al húmedo cielo entre los hombres sabios y justos (Píndaro, Nemea, VIII, 40-2).
Ni el más casposo despotismo ilustrado de la Francia de finales del XVII (aquella de todo para el pueblo, pero sin el pueblo) podría definirse bajo cualquier argumento en contra de las trabas al desarrollo de la sociedad que pretenden imponer desde el Ministerio de Cultura (¿qué es la cultura en manos del poder?). Sería interesante un ejercicio, quizá cómico, de imaginar en que momento y a raíz de qué, les viene a la mente a los que defienden el viejo sistema de distribución del conocimiento el proponer las leyes que defienden, siguiendo con la metáfora, ese absolutismo del conocimiento. Reunidos los políticos en los Ministerios, los palacios de los déspotas postmodernos, decidiendo bajo el auspicio del interés partidista y personal un futuro que creen lejano pero que les ha tocado vivir, no saben responder, no ya a la velocidad de los acontecimientos, sino anticipándose a ellos. Esto les lleva a un inconsciente miedo al cambio e incertidumbre frente a los desconocido, lo que acarrea decisiones poco acertadas para mantener un orden de cosas obsoleto o incluso anclarse en el pasado más recalcitrante de la España de finales de los 70.
Es un grave problema para España que la clase dirigente ignore la sociedad del conocimiento que ha empezado a gestarse ya radicalmente en la generación de los 90, nuestro futuro inmediato. No se trata ya de saber un nivel alto de uso de aplicaciones, sean del ámbito que sean, o de tener perfiles en las redes sociales y usar un smartphone para actualizar estado, ubicación y, si me apuran, el color de los calzoncillos del día. Es importante comprender que hay un cambio cultural de gran calado en la juventud que hace que entre los dirigentes de hoy y la realidad de España dentro de una década encontremos un profundo abismo. Las nuevas generaciones hablan una lengua de raíces antagónicas con el decir del estado democrático, algo que nos debe poner en alerta sobre tal abismo.
La generación de los 80 entró en la adolescencia en el uso del ordenador: aprendimos a utilizar Windows 3.11, un sistema operativo encerrado en una caja llena de cables en los que el uso se limitaba a mera ofimática. En el colegio tuvimos nociones de internet y lenguaje HTML, pero las páginas webs resultaban también ecosistemas cerrados y simple metáfora de un escaparate de tienda: se veía pero no se tocaba, nula participación. Pero la generación de los 90, y sobre todo los bebés del nuevo milenio, nacen con una nueva forma de comunicación tras permanecer invariable miles de años. Desarrollan su inteligencia social y empatía en la intimidad de la pantalla del ordenador a través de blogs, chats y redes sociales. Intimidad en la pantalla pero que es verdadera megafonía en el ir y venir de bites a través de la fibra óptica: en esta línea se juega el cambio de mentalidad que genera el abismo entre generaciones en tanto en cuanto es difícil discernir, más en edades pre-adolescentes, los diferentes ámbitos de privacidad y el juego de roles que en las relaciones cara a cara son más inteligibles. La infinidad de expresiones del lenguaje facial y corporal que dejamos de lado en el lenguaje de bites dejan una carencia en la comunicación personal. Ahora bien, esto no es ni mucho menos un paso atrás: la plasticidad cerebral hará que se desarrollen otras formas de comunicación en el ser humano que harán posible el entendimiento, dentro de los límites que siempre hemos tenido, entre nosotros.
Poner trabas al desarrollo y progreso de la comunicación es, hablando llanamente, tirar piedras en tejado propio. ¿Acaso Homero o Hesiodo son añorados al aparecer la escritura? fueron admirados por esa capacidad memorística y así será por los siglos de los siglos, pero dimos paso a todo el desarrollo de Occidente y su pensamiento, del que somos hijos. Veinticinco siglos de progreso; en el futuro, lejano futuro, no se hablará del siglo de Pericles y la Ilustración como épocas ajenas entre ellas, sino que irán enmarcadas en una era con un mismo modelo de comunicación. Hay que destacar que desde la primera conexión a Internet en los 60 hemos entrado en una nueva cosmovisión de la que en absoluto somos aun dueños de sus consecuencias.
Aunque los medios de comunicación, con todo el peso con el que son empujados, se empeñen en representar un futuro catastrofista lleno de crisis económicas y naturales, inculcando un miedo en la sociedad con su consecuente paralización del progreso, confío plenamente en la supervivencia del ser humano desde el uso de la razón. En el planeta Tierra aun nos quedan muchas vueltas por dar alrededor del Sol; por muy perdidos que andemos en el Universo tenemos nuestra Luz que sale y se pone pase lo que pase.
O con nosotros o con el enemigo, con los unos o con los otros en definitiva. Así de simple se ha vuelto el ser humano con la instrumentalización de la razón. Perdidos en un maremagnum de gadgets electrónicos y hobbies snobs, con unas redes sociales como escaparate de nuestra vida en la que el amor se mide en kilobytes, nos pasamos el día a día bajo una terca búsqueda de esa rutina que nos proporcionará el ansiado bienestar que venden magazines, series de TV, marketing y demás productos que encontramos en todos los medios de comunicación. La simpleza con la que encienden la llama del más burdo deseo siempre de la mano de un todavía más indecoroso uso de la elección racional, nos lega un espacio en que el ser humano se desarrolla lejos de toda temporalidad: nada va a suceder más allá de los cambios materiales que deseemos. Las relaciones con el prójimo pasan a un no-estado; simplemente se está con el otro, ni tan siquiera pasa el tiempo pues éste ya no lo hay. Se comparte el espacio creado en torno a una serie de medidas adoptadas en aras de ser aceptado en la ruleta social del gran cartel publicitario que todos protagonizamos de forma vergonzosa de cara al universo. La cultura de usar y tirar expande sus feroces garras cual canibalismo: la falta de los más sencillos principios de amor y respeto hacen que las personas sean meros capítulos más o menos felices, más o menos amargos, en nuestras vidas. Nadie es digno de admiración y lo efímero es admirado por fascículos. El peligroso egoísmo que seduce al deseo ha terminado por vencer y arraigar en los corazones de la mayoría, desembocando en la creación de manadas de ególatras en busca de carnaza y que te miran o como uno igual que ellos o como el enemigo a exterminar.
Enjambres de cuerpos desposeídos de sentimientos incapaces de pretender la paz, nos han llevado a un estado social de alarma continua en las que diferentes tipos de crisis amenazan nuestros espacios atemporales obscenamente desbordados de deseos vacuos y arrastrados cual serpiente que vive a ras de suelo toda su vida. Mentes desposeídas de criterio independiente en las que el culo veo, culo quiero ejercen de zanahoria de plástico dando lugar a una no-cultura basada, en el mejor de los casos, en acumulación de datos esencialmente de la mal denominada cultura de masas. En definitiva, la absoluta pérdida de respeto por el otro y por uno mismo: nadie está a salvo del maltrato al que nos exponemos y todos estamos a merced de, ya ni siquiera idiosincrasia, la temible Nada que llenamos con lo más deplorable de nuestro maravilloso Ser.
Y así, tras siete meses desde las doce uvas, agosto llama a nuestras vidas. Mes con esperados momentos de esparcimiento al que doy la bienvenida con una colección de fotos y portadas de la bella Claudia Cardinale, a la que conocí una tarde de agosto de 1963 en Il Gattopardo de la mano de mi amigo Luchino…
P.S.: Versión de Light My Fire por Jose Feliciano.